El efecto Rosenthal (Pigmalión en el aula)

Unos días atrás salió publicado en la prensa la siguiente noticia:“La presidenta regional, Esperanza Aguirre, ha anunciado que el próximo curso se empezará a impartir en la Comunidad de Madrid el Bachillerato de Excelencia para los alumnos que hayan obtenido mejores resultados en la ESO, que estudiarán en un centro exclusivo donde recibirán una enseñanza más exigente.

La noticia recuerda al experimento que en los años 60 (ya ha llovido..) realizó el psicólogo Robert Rosenthal, inspirado en el efecto Pigmalión.

Rosenthal, primero aplicó una prueba de inteligencia a un grupo de escolares. Acto seguido, dividió al grupo en dos clases, al azar. A la profesora del primer grupo le dijo que tenía a cargo a estudiantes normales; a la del segundo grupo le señaló que sus estudiantes eran chicos “situados por encima del promedio, de los que se podía esperar progresos notables”. Claro está, la diferencia entre los dos grupos era pura ficción.

Al final del año, Rosenthal volvió a aplicar la prueba a todos los estudiantes. El resultado fue que los chicos del grupo experimental (los falsamente descritos como superdotados ante sus profesores) habían mejorado mucho más que el grupo de comparación.
Así las cosas, aunque los dos grupos eran igualmente competentes, las expectativas de sus profesores eran muy distintas. En colaboración con Lenore Jacobson, directora de la escuela, Rosenthal descubrió lo siguiente: los profesores que creían que un alumno era bueno, le sonreían con más frecuencia, lo miraban más tiempo a los ojos, le daban más retroalimentación (sin importar si sus respuestas eran correctas o incorrectas) y sus reacciones de elogio eran más claras.

La predicción de Rosenthal probó ser correcta: al darles información de que ciertos estudiantes eran más inteligentes que otros, sus profesores se comportaban inconscientemente de manera que el éxito de estos estudiantes se viera facilitado.

El estudio se titula “Pigmalión en el aula”; fue publicado en 1968 y dio lugar al efecto Rosenthal. Según éste, las personas que tienen expectativas positivas de sus hijos, alumnos o colaboradores (otras personas, en general), generan un clima socioemocional más cálido en ese grupo. Además, entregan más información, dan mejor retroalimentación sobre los resultados alcanzados y ofrecen las mejores oportunidades a este grupo.

De tal modo, los profesores dan más enseñanza a los alumnos de los que esperan más (los incitan a responder frecuentemente, les presentan problemas retadores y los ayudan a encontrar la respuesta correcta).

El fenómeno funciona en las dos direcciones pues, en posteriores experimentos, Rosenthal encontró que los profesores no respondían bien a los buenos resultados de los estudiantes que consideraban menos inteligentes. En sus propias palabras: “Un buen resultado inesperado tiene riesgos para el que lo alcanza”.

Creer para ver. Igual que Pigmalión esculpió pacientemente en la piedra su imagen de la “mujer ideal”, a través de las expectativas (positivas o negativas) que tenemos de otros estamos ayudando a que esta imagen cobre vida y se vuelva realidad.

Dado que los seguidores internalizan las expectativas de sus líderes y tienden a cumplirlas, la confianza que un líder tenga en sus seguidores es determinante: si los cree diamantes en bruto, alimentará en ellos fuertes creencias de autoeficiencia; pero la mediocridad se verá fortalecida, si los cree unos inútiles.

De ahí proviene la gran responsabilidad que implica el liderazgo. Charles de Talleyrand (un político francés del siglo XIX) lo expresó con contundencia: “Siento más temor de un ejército de cien ovejas dirigido por una leona, que de un ejército de cien leonas dirigido por una oveja”.

El efecto Clever Hans nos recuerda que comunicamos mucho más de lo que suponemos. Así las cosas, no debería sorprendernos la supuesta capacidad de los adivinadores para leer nuestro futuro en las cartas o en el fondo de tazas de té: lo que debería maravillarnos es su habilidad para descifrar las respuestas que nosotros mismos les damos.

Por otra parte, el efecto Rosenthal subraya la importancia de manejar expectativas positivas hacia aquellos a quienes dirigimos, orientamos o enseñamos. Johann Wolfgang Goethe, poeta y dramaturgo alemán, decía que, si tratamos a una persona como lo que es, seguirá siendo lo que es; pero, si la tratamos como lo que podría ser, entonces se convertirá en todo lo que puede llegar a ser.

Así pues, quizá debiera bastar con que nuestros profesores en el Colegio, Instituto o Universidad; nuestros jefes en el trabajo; y sobre todo nosotros mismos, tengamos mayores y mejores expectativas de los demás y de nuestra propia persona.

Piensa en eso. Un fuerte abrazo,

Paco Criado

Fuente: http://secviccentarticulo.blogspot.com/2009/01/experimento-de-robert-rosenthal.html

About these ads

Acerca de orientadorespalencia

Orientador laboral. Técnico de formación.