No falles en tu entrevista de trabajo

Cuando estás frente a un reclutador cada palabra y cada detalle cuentan. Infórmate sobre la empresa, revisa tu trayectoria laboral y, ante todo, sé sincero.
14.06.2013 Ángela Méndez
Si te han llamado para una entrevista, ya es un logro. Pero no te relajes, más que nunca debes prepararte a fondo para salir con el puesto de trabajo que buscas. Además, como señala Jordi Vidal, team manager de Randstad, “las entrevistas son ahora más exhaustivas –hay más candidatos y menos oportunidades–. Ten en cuenta que la primera conversación telefónica, para fijar la fecha del encuentro, ya es un filtro”. Debes recordar a qué procesos de selección te has presentado y poner mucha atención a tu tono de voz y estilo de comunicación para no causar una mala impresión que te descarte.
Antonio López, director regional de Adecco, explica que “frente a los procesos de selección en situaciones de pleno empleo, en los que sólo se repasaba el currículo del candidato analizando sus fortalezas, actualmente se realizan más entrevistas por competencias, dinámicas de grupo o pruebas situacionales de distinta índole”.
Ante este escenario, conviene recordar algunos puntos esenciales:
1. La autoevaluación es un paso esencial y obligado. Recapacita sobre cuáles son tus puntos fuertes y analiza cómo puedes potenciarlos. Pero, ante todo, debes ser sincero contigo mismo sobre los puntos que te causan mayores dificultades y tratar de diseñar un modo eficaz de corregirlos.
2. Información y documentación. Antes de acudir a la cita reúne información sobre la empresa, su filosofía de trabajo, sus valores, cuáles son sus funciones, quiénes son sus clientes, en qué están inmersos y qué proyectos de futuro tienen. Tampoco te olvides de repasar tu currículo. Te van a preguntar sobre aspectos concretos de tu vida laboral; por tanto, conviene que no cometas errores, que no te bailen las fechas y que sepas motivar, si se da el caso, algún periodo de inactividad o los motivos de cambio de empresa. Es el momento de explicar en detalle tus funciones, tus objetivos logrados y cursos realizados.
3. Imagen. Sé puntual. Es la primera impresión que se llevarán de ti y llegar tarde nunca es positivo. Tu apariencia física también cuenta: preséntate con un vestuario adecuado al puesto de trabajo. Si dudas opta por algo clásico, es una apuesta segura.
4. Sinceridad. Los entrevistadores buscan personas de confianza. Por ello es esencial ofrecer respuestas sinceras. Huye de las frases de manual de gestión y de las mentiras, siempre son una mala carta de presentación. A la hora de responder no lo hagas con monosílabos. El reclutador valorará que seas directo y que razones tus respuestas.
5. Preguntas. Éste es uno de los momentos más delicados y a la vez decisivos en un proceso de selección. Algunas de las cuestiones más complicadas que te pueden plantear son:
– ¿Qué puedes decirme sobre ti? Es una de las más típicas y recurrentes, pero no por ello fácil. Es cierto que al pedirte que hables sobre ti nunca queda claro si se quiere una charla general o un resumen de tu vida laboral. En cualquier caso, quiere oírte y lo mejor es limitar tu respuesta a tus cualidades y éxitos profesionales. Deberías ser breve e incluir experiencias vinculadas a los requisitos del puesto.
– ¿Qué éxitos y fracasos profesionales consideras más relevantes en tu trayectoria? El responsable de selección querrá saber si has aprendido de tus tropiezos. No alardees demasiado de los buenos resultados y céntrate en describir cómo los asumiste, cómo analizaste los fracasos y qué lección sacaste de ellos.
– ¿Cómo actúas cuando hay una confrontación en el trabajo? Se analiza si tienes capacidad para escuchar, admitir el error, no tomar como personales situaciones profesionales o si sabes influir en tus compañeros. Para salir airoso debes demostrar que eres capaz de mantener la calma, que sabes aceptar distintas opiniones y que no tienes ningún problema en reconocer que te has equivocado.
– ¿Y si estás en desacuerdo con tu jefe? Esta pregunta busca conocer el grado de conflictividad. El tacto y la diplomacia son las herramientas más recomendables. Demuestra que eres dialogante, respetuoso y nunca vayas de autoritario ni dando una imagen de sabelotodo.
– ¿Tiene alguna pregunta? La respuesta debería ser siempre “sí”. De lo contrario pensarán que no tienes interés por el puesto y la compañía. Es el momento de plantear quién será tu jefe, cómo se organizan los equipos o detalles del trabajo diario. Pero nunca preguntes sobre el salario.FUENTE: expansion.com

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