De emprendedor ‘quiero y no puedo’ a empresario verdadero

Wantrepreneur o wannabe… Así se denomina a aquellos que hablan y hablan sobre su proyecto pero nunca lo ponen en práctica. Este entusiasmo estéril es contrario a la acción de la mentalidad emprendedora.

De emprendedor ‘quiero y no puedo’ a empresario verdaderoEn la clasificación de “grandes pelmazos”, los vecinos y amigos que insisten una y otra vez hasta que te convencen para ver el vídeo de su boda y el viaje de novios empiezan a sucumbir ante aquellos que hablan y hablan sobre su nueva empresa; acerca de la gran idea que han tenido y de su necesidad vital de crear una empresa. No suelen ir más allá de las palabras y los deseos.

La fiebre emprendedora ha creado una tribu de “quiero y no puedo” que recibe el nombre de wannabe (voy a ser o a hacer) o wantrepreneur. Todo son ideas y posibilidades…

En determinadas ocasiones, a estos wannabe les faltan recursos –financiación, acceso a la información tecnológica, equipo suficiente para poner en marcha la empresa–, pero la mayor parte no tiene una voluntad real de crear una nueva compañía y no suelen hacer gran cosa para conectar efectivamente con quienes pueden ayudar a poner en marcha un proyecto.

Otras veces, el concepto de wantrepreneur se asocia con determinados individuos que buscan hacer dinero de forma rápida y fácil, con el menor esfuerzo posible. Es algo que no se corresponde con la verdadera mentalidad start up.

Algo más que tolerar el riesgo. El trabajo del emprendedor es, literalmente, asumir riesgos, a pesar de que no tenga demasiadas garantías ni una promesa segura de cuánto dinero va a ganar. Con la sola intención y las palabras no es suficiente. La mentalidad start up valora la ruptura. Si dejas de ser wannabe es porque le has tomado el gusto a lo desconocido, y tienes la intención de hacer las cosas de manera diferente.

Entre palabras o acciones, la mentalidad start up tiene que ver con “aprender haciendo” y construir nuevas oportunidades. Se buscan constantemente victorias y resultados.

Carencias y realidades. Nada tiene que ver el wantrepreneur con el emprendedor que fracasa una y otra vez en su intento de poner en marcha un nuevo negocio. Los wantrepreneur más típicos son aquellos que dedican más tiempo a hablar de su proyecto que a ponerlo en práctica; los que practican constantemente el “voy a”; o quienes quieren actuar como emprendedores pero nunca llegan a hacerlo.

Para pasar del “quiero y no puedo” al emprendedor real, nada como el plan de negocio para probar una buena dosis de realidad. La clave no es la idea de la que has estado hablando con los amigos, sino el modelo de negocio. Y el plan resulta crítico. Los expertos coinciden en que puede haber muchas ideas, pero lo importante es ejecutarlas, y esto tiene que ver con el conocimiento de un determinado sector.

Capacidad para convencer. También hace falta ambición, vitalidad personal, energía y capacidad de liderazgo, que es básicamente lo que tiene que encandilar a un inversor potencial. Quien pone el dinero también debe estar convencido de que el emprendedor cuenta con las personas adecuadas para poner en marcha su empresa.

Cuando abandones esa ilusión vacía de wannabe llegará el momento de preguntarte si realmente eres un apasionado de tu producto o servicio. La pasión no excluye la realidad: al poner en marcha tu negocio serás un mar de dudas, sobre todo mientras llegan los primeros beneficios.Tú eres quien debe vender a los demás (inversores, socios y empleados) la idea y el proyecto. Ese entusiasmo (real) por tu producto o servicio marca la diferencia y atrae a clientes o inversores.

Objetivos claros. Debes estar seguro de por qué has decidido emprender. Y también has de tener muy claros cuáles son los objetivos que te has marcado con la empresa que pretendes crear. Un punto importante es conocer tus fortalezas y debilidades, algo definitivo cuando creas tu propio negocio.

Si has dejado atrás tu fase de wantrepreneur y te has lanzado definitivamente a crear tu propia empresa, puede que tengas una borrachera de ideas que te lleva a querer probarlo todo. Es el momento de construir tu propia credibilidad. Céntrate y enfócate hacia aquello en lo que eres realmente bueno. Tu credibilidad aumentará a medida que se incrementa tu experiencia en ese sector.

La verdadera dedicación. Más allá de hablar y hablar sobre él, tu proyecto es tu vida cuando eres un emprendedor verdadero. Cualquier inversor valorará que estés las 24 horas del día pensando en tu iniciativa. La intensidad y enfocarte hacia ella son clave para que salga adelante.

Qué aportas. Piensa en tu proyecto en términos de producto y servicio; de beneficio para los clientes. Debes analizar la personalidad de tu compañía y los mensajes y las promesas que estás haciendo al público. Has de conocer y entender a tus futuros clientes. Quiénes son, qué guía sus decisiones de compra; cómo puedes diferenciarte de los competidores y cómo puedes convencer a tus compradores del valor de tu oferta.

De la complacencia a la discrepancia. El wantrepreneur busca la complacencia de sus interlocutores cuando habla de su proyecto, pero lo realmente eficaz cuando se trata de emprender es que aquellas personas que respetas critiquen tu modelo de negocio o señalen los defectos de iniciativa. Pon a prueba tu idea. El 60% de ellas fracasa en los primeros tres años. Habla con gente real que esté en el mercado al que te quieres dedicar. Explora a quienes pueden ser tus clientes y estudia sus opiniones y visiones sobre tu producto.

FUENTE: expansion.com

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