Negocios solidarios que también crean empleo

Las buenas causas que mueven a los emprendedores sociales son también un nicho de empleo para poner en marcha empresas especializadas en el sector de la salud, la alimentación o el medio ambiente.

14.11.2013 – Ángela Méndez .

Lucía Saborido trabajaba como enfermera en una residencia de la tercera edad en Pontevedra, en su día a día comprobaba que muchos de los residentes no querían estar allí. Poco a poco fue cuajando la idea de crear un centro en el que los mayores además de estar atendidos se encontraran como en casa. El primer paso fue crear en 2005 Saraiva, un centro de día que puso en marcha con 36.000 euros.

En España hay 2,3 millones de empleos vinculados a proyectos sociales, según datos del informe de Economía Social del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. De ellos, muchos son en pymes y nuevos proyectos empresariales que buscan el bien común, es decir, mejorar la vida del mayor número de personas. Pero ¿qué es un emprendedor social? ¿Qué le diferencia del resto de nuevos empresarios? Para Antoni Ballabriga, director global de responsabilidad y reputación corporativas del Grupo BBVA, ante todo es “una persona que detecta un problema en la sociedad y decide buscar una solución a través de una iniciativa empresarial, mientras que los demás emprendedores impulsan un negocio con el objetivo de que sea rentable económicamente”.

Ana Sáenz de Miera, directora de Ashoka, puntualiza que la diferencia entre ambos es que “el éxito del emprendedor social no llega con la maximización de beneficios, sino con el impacto en la sociedad”.

Área de trabajo

Este tipo de emprendimiento es una actividad que, en países como Estados Unidos, Reino Unido o Finlandia, involucra a más del 2% de la población; sin embargo en nuestro país aún está despegando. Ballabriga afirma que “enEspaña este modelo de negocio tenía otras formas como cooperativas o centros especiales de empleo, pero actualmente están cobrado fuerza los proyectos individuales”. “

Hay enfermedades que se pueden prevenir con un diagnóstico precoz”, defiende Jordi Martí, ingeniero bioquímico que desde hace varios años ha orientado su carrera al mundo de la salud. Esta premisa es la base de DBS-Screening, la empresa que creó en 2010 en Barcelona y para la que desarrolló un sistema que a través de una sencilla punción capilar la sangre se deposita sobre un papel de filtro que permite transportar la muestra sin tener que mantener la cadena de frío.

Cada vez más profesionales lo contemplan como una oportunidad de empleo y de defender sus valores y principios. Estos emprendedores desarrollan sus proyectos en ámbitos desatendidos por las entidades públicas y por el mercado. Sus iniciativas plantean nuevas respuestas a problemas de todo tipo aunque, como apunta Sáenz de Miera, destacan los relacionados con medio ambiente, discapacidad, alimentación, empleo, financiación, trabajo en prisiones o violencia de género. Dentro de estas áreas los expertos coinciden en que ahora se observa un ligero aumento de los negocios relacionados con la alimentación de colectivos más desfavorecidos y organizaciones que reclaman la transparencia política y la búsqueda de empleo.

En cuanto al perfil de los emprendedores sociales la directora de Ashoka considera que “en muchos casos, son profesionales que han vivido un problema en primera persona y que ponen en marcha una solución para abordarlo cambiando el sistema que lo provoca. No con parches. Suelen trabajar en colaboración con todas las partes involucradas y quieren difundir las soluciones para que sociedades enteras puedan adoptarlas. En muchos casos, al inicio no se dedican a su proyecto profesionalmente, sino que lo suelen compaginar con otras actividades, y lo hacen en sus ratos libres”.

Pero no dejan de ser una empresa y el cuidado de la gestión y la estrategia es fundamental. Necesitan profesionalizarse, dice Isidro de Pablo, catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid, que insiste en que “deben saber gestionar equipos, utilizar mejor su red de contactos y hacer un plan detallado de financiación”.

Sobre este punto Sáenz de Miera recuerda que, además de los recursos habituales, hay ayudas para los distintos estados de madurez de la iniciativa: convocatorias especiales de entidades bancarias, asociaciones, espacios innovadores como el ImpactHub, incubadoras como Socialnest o plataformas de crowdfunding.

Una forma de pensar y trabajar

*Por su forma de operar hay dos modelos diferentes de emprendedor: el proactivo y autosuficiente, más propio del mundo anglosajón, que se caracteriza por trabajar de forma autónoma y responsabilizarse en primera persona de una causa; y el empresario social, más común en países latinos, que reclama, reivindica y plantea una demanda al estado de bienestar.

* Se caracterizan por ser muy tenaces en su forma de actuar y de denunciar, aunque en ocasiones implique que se expongan incluso a riesgos personales y políticos.

* Según el GEM, se les puede agrupar en cuatro tipologías distintas de empresas: ONG, organización sin ánimo de lucro, híbridas (con ingresos propios y donaciones) y asociaciones sin ánimo de lucro.

* Su compromiso con la idea de negocio es tal que el 94% de los emprendedores sociales sigue trabajando en su planteamiento original cinco años después de su puesta en marcha. Diez años más tarde la cifra se mantiene en el 83%.

* Un 56% de los negocios con orientación social, consigue, en cinco años, cambios en alguna política pública. Cifra que asciende hasta el 71% en el periodo de diez años.

* A los cinco años de su lanzamiento, el 93% ha conseguido que su idea sea replicada e imitada por otras organizaciones.


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