Trabajar en Perú: “No todo es bonito, tienes que venir con un plan estudiado”

Las pistas de los expatriados españoles en Perú para quienes quieran seguir su camino. Estos son los testimonios que recogidos por “El País” de los españoles expatriados en Perú.

María

Llevo 2 años y un mes viviendo en Perú. Desde mi punto de vista es un país bonito para visitar pero no para vivir. Hay un índice de inseguridad muy alto: es inseguro subir a un taxi, caminar sola por la calle, sacar dinero del banco, etc. Te pueden atracar con pistola, con cuchillo o secuestrar por horas. Por otra parte, la desigualdad social es increíble. La media de salario en Lima son 1.200 nuevos soles, que son unos 333 euros. Yo, como maestra, cobro esa cantidad, pero ha sido un salario muy peleado porque me ofrecían salarios de 700 y 800 soles. Tengo la carrera, un diplomado y un máster, así que estoy trabajando por mucho menos dinero del que debería. Ahora bien, si los españoles que vienen son ingenieros o arquitectos, sí van a cobrar un buen sueldo porque ahora comienza el boom inmobiliario aquí. También si viene gente con dinero a montar su negocio (restaurantes sobre todo). Pero si esperan venir de camareros, maestros, periodistas, etc. no van a ganar un salario que les sea rentable, porque además la comida es muy cara. El problema básico es que la comida la compras al mismo precio que en España pero tu salario está en soles. Tu poder adquisitivo es bajo. Un yogur cuesta un nuevo sol, es como si un yogur costara un euro en España.

Por otra parte, viajar por el país es muy caro. Solo existen como medio de transporte el avión y el autobús. No hay tren. El avión es extremadamente caro (nada de líneas low cost). Un viaje por dentro del país casi tiene el mismo precio que un viaje a otro país de Sudamérica. Hay autobuses de todos los precios, depende de lo seguros que sean, pero el problema es que los trayectos son muy largos. De Lima a la provincia más al sur de Perú (Tacna) hay 24 horas de viaje. Las carreteras son malas y es posible que los ladrones asalten el bus.

Por último, sacarte los papeles es algo muy tedioso. La desorganización en la Dirección General de Migraciones es notable y el proceso está lleno de tasas que has de pagar en dólares. En ocasiones, las mismas personas de migraciones te informan mal y en el último momento te piden documentos que al inicio no te pidieron.

La cuestión es clara. Si en España tenías un gran poder adquisitivo porque eras empresario etc, aquí vas a estar manteniendo el mismo nivel porque hay barrios y lugares para ese tipo de gente top. Pero si en España eras de clase media, como es mi caso, una maestra, aquí vas a perder gran parte de tu poder adquisitivo y no conviene el cambio. Normalmente, una persona media peruana ha de tener varios trabajos para poder alcanzar una suma de dinero que le sirva para vivir y darse algún lujo. Lo que supone menos horas de ocio y tiempo libre para disfrutar.

Esa sería mi visión, espero que también pongan esta parte, pues leí el artículo sobre los españoles en Perú y todos estaban muy felices y positivos. No me gustaría que esta sección del periódico diera una imagen distorsionada de la realidad, hiciera un efecto llamada por cómo está creciendo Perú (el país crece pero solo para algunos) y después la gente viniera y se encontrara con la inseguridad y el desorden.

Pedro Arcas

Pedro Arcas Bernal

Mi decisión de salir fue tomada por cosas del destino o no, allá en el 2007, justamente cuando poco después estalló la gran burbuja a nivel mundial. Viéndolo al cabo de los años creo que fue la mejor decisión que tomé nunca. Mi primer destino fue Brasil, hecho que me marcó profundamente ya que tomé realidad de una nueva cultura, nueva forma de ver las cosas y sobre todo una nueva forma de ver el mundo, ya de manera global. Mi mundo ya no se limitaba a la ciudad de origen donde vivía.

Después de estar en Brasil construyendo resorts para una hotelera española, por Panamá participando en un edificio de oficinas, y ahora actualmente desde el 2011 en Perú, siendo gerente de proyectos con una importante Ingeniería de proyectos chilena, y llevo a mi pesar ya más de un año y medio sin poder regresar a ver a mi familia. Debo decir que la experiencia acumulada ha merecido la pena; de hecho, lo sigue siendo, ya que a parte de continuar con tu vida, continúas con tu actividad profesional en países donde esta es emergente y plenamente en auge año tras año.

Perú nos recibió a mi mujer y a mi de forma cálida y expectante. El trato fue justo, ellos nos dieron trabajo, oportunidades y estabilidad laboral y nosotros les dimos a cambio nuestra experiencia y saber profesional acumulado de años en esa vieja Europa que agoniza actualmente. El negocio fue equitativo, Perú hoy se encuentra ávida y muy receptora del saber y conocer, aparte de asimilar todo tipo de conocimiento que se le pueda dar, preferiblemente de personal técnico de sobrada experiencia en lugares donde ya se ha comprobado su eficacia en todos los campos del saber.

Para técnicos como yo, que vienen del mundo de la construcción, en países emergentes como Perú, hay mucha salida, ya que uno de los pilares de esas economías suele ser la construcción, por lo que antes o después encontrarás trabajo. Por otro lado, mi mujer supo también encontrar su hueco y no sin esfuerzo pudo luchar por una vacante de profesora de portugués en la embajada de Brasil.

En Perú, no todo es bonito ni fácil, hay mucha competencia, mucho español, muchos títulos universitarios que no son convalidables, tienes que venir con un plan tanto económico como personal muy estudiado, acotado, real y con metas, estudiado ya desde tu lugar de origen. Porque el tiempo puede pasar muy rápido con “0” resultados. La vida parece barata, pero no lo es tanto cuando te contratan en nuevos soles, la moneda peruana, y esos mismos soles los tienes que pasar a euros para mandarlos a España o alquilar un departamento en Lima (el cambio medio es de 1 euro por 3 soles).

Olvídate de vivir al estilo europeo, el precio medio de un departamento pequeño-mediano ronda entre los 600 y 900 dólares, cuando esas mismas cantidades al cambio en soles superan ya el sueldo medio en Lima, por lo que vivir en Lima no es fácil. Eso sí, conozco compatriotas que mal o mejor viven en habitaciones compartidas sin apenas servicios por 300 dólares.

Los trámites de cualquier tipo son tediosos, aburridos e infinitos hasta la saciedad, ármate de paciencia y buena sonrisa ante cualquier ventanilla donde estés tramitando cualquier cosa. El propio Gobierno de Perú ha sacado una campaña publicitaria, El trámite de más, con la que, conscientes de su propia burocracia, premian al ciudadano que aporte la mejor idea que les permita acortar un trámite en particular.

La corrupción es moneda de cambio ante muchos aspectos de la vida peruana, se huele, se siente, y está presente en cualquier estamento de la sociedad, simplemente tienes que convivir con ello y saber jugar tus cartas cuando te toque de cerca. Todo se consigue con la ayuda y la persona adecuada.

Y aparte, para redondear:

Tráfico horrible, caótico y descontrolado sin orden ni concierto a cualquier hora, donde el peatón no vale nada, (más de 10 millones de habitantes viven en Lima y zona metropolitana), ruido y bullicio infernal dependiendo de donde vivas, seis meses del año sin ver el sol si vives en Lima, con cielo gris (o panza de burro como aquí lo llaman), zonas muy peligrosas en las afueras, con múltiples barriadas a modo de favelas en las colinas de los alrededores, multitud de gente que se te arrimará con mejores o peores intenciones por tu sola condición de extranjero, en fin…

Pero no todo es malo, el problema es que lo vemos bajo nuestra óptica y ojos europeos del primer mundo, presuponiendo muchas veces unos prejuicios, que son eso, solo prejuicios. Cuando vives con ellos, actúas con ellos, trabajas y te relacionas, hueles el mismo aire que ellos, te ven de forma ya diferente, y dejas entonces de ser ese turista al que se le intenta sacar todos los dolares y euros de la cartera ante la infinita picaresca del peruano, y te conviertes entonces en ese compadrito para compartir chambas pagando unas lucas por una buena chelita bien fresca en cualquier chifa del barrio.

Por último, decir, que mejor intentarlo en donde tendrás y existen oportunidades, que no en donde la actividad está muerta o sin proyección.

Somos jóvenes, gracias a la globalización tienes por 700 euros un billete de ida a la otra parte del mundo, decidiendo tú cuando será la vuelta. Aunque en una primera fase malvivas, si eres constante y sabes aprovechar tu oportunidad crecerás rápido. Olvida tus prejuicios, intégrate lo antes posible, apaga tu chip europeo y ponte en su lugar, y recuerda cuando ellos vinieron a España en nuestro auge económico y la imagen que teníamos de ellos. Es duro verlo así, pero es la realidad que nos ha tocado vivir, para muchos una cura de humildad necesaria, para otros una realidad obligatoria.

Fernando Pérez

Fernando Pérez.

Soy un madrileño de 30 años. Llevo diez meses viviendo en Perú. En el Perú profundo mejor dicho. La experiencia está siendo muy dura, demasiado. Una cosa es vivir en una gran ciudad como Lima (a pesar de sus múltiples peligros) y otra muy distinta en el interior del país. Si Perú está de por sí bastante atrasado con respecto a España, el hecho de vivir en provincia (resido en una pequeña ciudad a 40 minutos deMoyobamba) es como dar un salto en el tiempo de no menos de cien años en cuanto a calidad de vida (mucho peor).

Tener que ducharme a diario con agua helada, no tener lavadora, soportar un calor horrible casi todo el año y tener una conexión pésima de Internet hacen mella en el día a día. Lo peor para mi es sin duda el sistema sanitario y educativo (de pesadilla). La gente muere por enfermedades fácilmente curables en España siendo la asistencia médica horrible. Los hospitales están masificados y no hay personal suficiente para cubrir la demanda. Sin seguro médico privado literalmente te mueres, porque el público es una basura y está masificado.

En cuanto al sistema educativo es tremenda la cantidad de días festivos que hay y las muchas clases que se pierden por este motivo. Aparte, la formación del profesorado deja mucho que desear y los niños salen con una educación muy deficiente que acusan de adultos. En Perú tras acabar la secundaria van directos a la universidad, no hay ni 1º ni 2º de bachillerato, imaginaros la base que se tiene cuando acceden a la facultad. Muchos de ellos son universitarios con apenas 16 años de edad, de chiste. (Sé muy bien de lo que hablo porque doy clases en una universidad de aquí).

Pero sin duda la peor sensación que me llevo de Perú es que el 80 % (o más) de la gente no son de fiar. Es un país como dicen ellos mismos de vivos, es decir, de aprovechados. Te quieren timar a todas horas y no puedes confiar en ellos en la mayoría de los casos. Se creen que por ser gringo uno es tonto. Es difícil hacer buenos amigos sin que quieran engañarte… y a los que vayan a hacer negocios muchísimo ojo por favor. Hay estafas de todo tipo y el extranjero allí es el blanco perfecto, ya que desconoce la mentalidad y manera de actuar del peruano… mucho cuidado, en serio. El peruano es embaucador, te habla muy bien de posibles negocios muy rentables y estupendos, pero no os lo creáis, mienten más que hablan (literal). Si te asocias para emprender cualquier tipo de negocio que sea con alguien al que conoces muy bien, si es europeo mucho mejor.

Una cosa es irte de expatriado con buen sueldo o encontrar una compañía europea o norteamericana que te pague bien y otra irse allí a la aventura a ver que sale. Esto último es lo que hice yo y para nada lo recomiendo, ya que los sueldos son de risa (el salario mínimo son 750 soles, unos 220 euros) y el coste de vida no es para nada tan barato como se piensa. A Perú solo volvería con un trabajo bueno asegurado desde aquí, con una multinacional o compañía fuerte. Para el resto de los casos ni lo consideréis, de veras.

En mi opinión es un país al que le faltan al menos 20 años más para que haya una generación mucho más preparada, menos corrupta (cosa difícil allí) y más culta (a poco que se haga se puede conseguir esto último).

La inseguridad ciudadana, los malos transportes e infraestructuras, la informalidad de la gente y poca seriedad en los negocios, la corrupción tan bestial que hay, la pésima sanidad y la educación pesan mucho a la hora de querer quedarse aquí.

Por cierto, un último y valioso consejo no os dejéis engañar por las estadísticas que salen en los medios. Perú está creciendo al 5 o 6% anual, cierto. Pero lo que nadie nunca dice es que parte de muy, muy abajo, por eso no penséis que aquello es seguramente una buena oportunidad como destino. Recordad… solo como expatriado.

Carlos García de Sola

Carlos García en Lunahuana, a dos horas de Lima.

Llegué a Perú un 5 de febrero, con la tristeza enorme de abandonar mi país pero con la maleta llena de ilusión y esperanza, a la espera de encontrarme un nuevo y próspero país en claro crecimiento. Con la opción única de Lima en mi cabeza por ser la ciudad con más oportunidades y además el principal foco de actividad económica del país, comencé la ardua tarea de asentarme en la ciudad, partiendo de cero. Los objetivos eran claros: encontrar piso, trabajo y vida social, por ese orden.

La ventaja de compartir un mismo idioma y una cultura con algunos aspectos en común, facilita enormemente la llegada aunque a pesar de ello y de tratarse de un país con raíces españoles uno no deja de sentirse extranjero. No se puede tener una cuenta de banco o un teléfono de contrato sin tener el permiso de residencia legal. El carnet de extranjería se convierte pues en el documento deseado, un paso que requiere un contrato de trabajo y que una vez que se logra abre todas las puertas, pero sin el cual se hace todo más complicado, dependiendo de la fecha del visado de entrada para tener que entrar y salir del país.

Como Pizarro, me encontré en esa época del año con una ciudad veraniega y soleada, sin conocer que unos meses después cubriría la ciudad un manto gris en forma de niebla y nube. La experiencia de un duro invierno de varios meses sin apenas ver el sol y con un clima húmedo y bastante inhóspito la compensó al principio un fulgurante comienzo. Encontré un piso en una muy buena zona de Lima a los diez días de llegar, y trabajo al mes y medio, gracias a una mezcla entre dedicación y suerte. Tras eso, la motivación y optimismo rápidamente consiguieron que me integrase con facilidad.

El encontrar una creciente población española, dispuesta en la mayor parte de los casos a ayudar es sin duda un aliciente para elegir Lima como ciudad. Son cada vez más los españoles que viven aquí y resulta relativamente fácil encontrar algún contacto directo o indirecto con el que poder contactar. Para los que nunca nos habíamos encontrado en una situación similar, resulta gratificante encontrar entre los compatriotas un calor y cariño que conforta y ayuda. Sin duda, el haberse visto ellos mismos en idéntica situación hace que se ayude al nuevo emigrante a facilitar lo más posible su integración en el nuevo país.

La necesidad de crear una importante red de contactos es fundamental para poder sobrevivir los primeros meses. Quién está dispuesto a cruzar el Atlántico, a doce horas de su tierra natal, debe estarlo también a llamar sin rubor a todas las puertas. Esas llamadas son un requisito imprescindible para ir sentando las bases de una nueva vida fuera de tu hogar, y aunque en muchos casos suponen un intento baldío otras fraguan en oportunidades de trabajo y en amistades, que quizá sean incluso para toda la vida.

En el caso de Perú, la dificultad laboral se acorta cuando se accede a través de un contacto. No funciona tanto la cantidad de currículos que se envíen como la calidad del emisario o receptor. Y quizá ese factor me hizo sentir como en España, aunque la gran diferencia es que aquí si se siente que el mercado laboral está activo. A pesar de lo cual, creo que es necesario ser realistas antes de entrar al país. Hay trabajo pero no se encuentra a la primera llamada ni al primer día. El mero hecho de tener un título o mayor cualificación que muchos peruanos no garantiza por sí solo encontrar trabajo nada más aterrizar. Así que conviene tener la paciencia suficiente y los ahorros necesarios para aguantar como mínimo varios meses. A pesar de eso, en mi experiencia, de los españoles con los que me he encontrado en mi misma situación, todos hemos encontrado trabajo finalmente.

Y así han transcurrido nueve meses, con la mochila llena de experiencias vividas, algunas duras, otras altamente satisfactorias y otras cotidianas, replicando finalmente la vida de cualquier trabajador español. Con todos los objetivos que me planteé al principio cubiertos y con una vida relativamente estable, la distancia con tu familia y con tu país es sin duda lo que peor se lleva. Son casi 10.000 kilómetros de distancia y la sensación de que es una brecha demasiado elevada para aguantar en este país varios años.

El skype e Internet y también las varias visitas recibidas palían una nostalgia que se incrementa a medida que te pierdes la vida de amigos y familia allá, al otro lado del océano. También atempera esa sensación un país que respira optimismo económico, que ofrece una gastronomía excepcional que te hace no echar tanto de menos la comida española, y sobre todo la oportunidad de visitar en algún momento los maravillosos lugares que ofrece esta tierra.

Si alguien me pidiese un consejo sobre emigrar a Perú le diría que lo haga sin duda, siempre será mejor que estar a la espera en España. Con pocos recursos se puede subsistir durante algún tiempo, aunque un colchón económico es sin duda un apoyo fundamental para hacer que los primeros meses no se hagan tan duros. No faltará gente que le ayude ni faltarán experiencias (buenas y malas) que vivir.

FUENTE: elpais.com

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