Estrategias para motivar al alumnado

Hemos querido publicar esta entrada para los muchos formadores y futuros docentes que nos siguen, esperamos que os aporte alguna idea interesante para vuestra metodología:

Sabemos que la motivación es un proceso psicológico dinámico que determina en gran medida el inicio, el esfuerzo y la perseverancia de las conductas que las personas están dispuestas a hacer para lograr una meta que consideran valiosa.

En nuestro contexto formativo, la motivación intrínseca es un factor fundamental, ya que nos va a permitir incrementar y potenciar muchas de las conductas de nuestros alumnos que favorecen el aprendizaje. Entre ellas se encuentran el interés propio por la materia, la exploración, la curiosidad, el descubrimiento, el compromiso, los retos personales y las propias metas impuestas. Un paso más relacionado con estas conductas exploratorias, sería la “motivación continuada” (Maehr, 1976), que sería la voluntad de la persona por seguir aprendiendo fuera del contexto formativo, realizando actividades voluntarias que le permiten seguir desarrollando las competencias necesarias para dominar esa especialidad. Como podréis suponer este concepto tiene una relación directa con el aprendizaje autónomo.

Para propiciar estas conductas intrínsecamente motivadas hacia el propio aprendizaje son necesarios contextos formativos nuevos, complejos, que desafíen de forma óptima las competencias del alumnado. Un ejemplo de este tipo de contextos educativos lo podemos encontrar en el modelo de “clase abierta” del sistema Montessori (Montessori, 1976).

La figura del profesor es uno de los factores más importantes a la hora de determinar si el entorno formativo que diseña con su desempeño propicia en el alumnado conductas intrínsecamente o extrínsecamente motivadas.

Seguramente recordarás como muchos de tus profesores generaban unos contextos educativos parecidos al funcionamiento de una fábrica, donde todo estaba altamente estructurado, controlado y supervisado, lo que producía situaciones de aprendizaje repetitivas y poco estimulantes, donde no había margen para la divergencia y todo ello dirigido a la estandarización del grupo. Como resultado de esto, probablemente tus aprendizajes y tus logros estuvieran únicamente motivados extrínsecamente por las notas o pruebas de acceso.

Sin embargo también recordarás sin mucho esfuerzo a muchos profesores que has tenido en tu vida y que probablemente influyeron positivamente en tu carrera profesional. Independientemente de las diferentes materias que pudieron impartirte, esa influencia se debió indudablemente al entusiasmo con la que transmitían sus clases, su implicación con la materia, la confianza que depositaron en tus capacidades, su actitud constructiva y las experiencias positivas que tuviste gracias a ellos durante el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Ahora podrás identificar con mayor facilidad cómo era tu comportamiento durante esas clases e incluso fuera de ellas. Sí, has acertado, eran unas conductas motivadas por el propio aprendizaje y no solamente por la necesidad de aprobar. Te sentías con ganas de estudiar, de investigar, experimentar, ampliar conocimientos con una curiosidad casi infinita, etc. Ese ahora es tu reto, conseguir que tus alumnos sientan en su interior la misma curiosidad y necesidad de aprender que experimentaste tú cuando esos profesores lograron inocularte su virus motivador hacia su disciplina.

Como puedes comprobar por tu propia experiencia como alumno, el profesorado es uno de los agentes motivadores más importantes que existen, y su forma de dirigir la clase, una de las variables que predicen el tipo de motivación que van a tener los alumnos.

Según un estudio de Deci, Scwart, Sheinman y Ryan (1981) los profesores que alentaban la autonomía en sus alumnos, solían tener alumnos más intrínsecamente motivados que los que estaban más orientados hacia un estricto control de su grupo. Además también los primeros manifestaban un mayor nivel de competencia percibida que los segundos. Por lo tanto la estrategia del profesorado está relacionada con el interés intrínseco por la materia académica que experimenta el alumnado y con los niveles de competencia que ellos mismos percibían. Este último detalle es muy importante, porque está haciendo referencia a su autoconcepto.

Según A. Bandura (1997), desarrollamos una motivación intrínseca para realizar actividades que:

  1. Supongan un reto moderado.
  2. Creamos que podemos hacer bien.
  3. Ofrezcan satisfacción.

En este momento es hora de aplicar todos los conocimientos sobre la motivación que has ido adquiriendo para comprobar cómo ésta debe convertirse en tu aliada estratégica como futuro docente.

En primer lugar, como docente debes procurar controlar en la medida de tus posibilidades todos los factores contextuales que puedan provocar insatisfacción en el alumnado (equipos defectuosos, material obsoleto, malas instalaciones, iluminación insuficiente, espacios reducidos, temperatura o ventilación inadecuada, etc.). Estos ejemplos tan cotidianos pueden convertirse en el inicio de un grupo completamente desmotivado y frustrado.

Por otro lado ya en tu programación didáctica estás sentando las bases para crear a priori un ambiente de aprendizaje estimulante y atractivo, ya que en ese documento vas a tener que exponer tus estrategias metodológicas, es decir, cómo vas a enfocar el proceso de enseñanza-aprendizaje. En este caso te recomendamos metodologías activas, participativas y experimentales, donde el alumnado tenga cierta libertad para descubrir por sí mismo muchos de los contenidos. Además con estas estrategias crearás un verdadero clima de trabajo cooperativo, donde tu alumnado trabajará como un verdadero equipo.

Pero es en el ámbito de tu desempeño diario donde deberás desplegar todos tus mejores recursos para lograr tu objetivo. En este sentido te recomendamos sobre todo que apliques tu inteligencia social y emocional, para que construyas una relación de confianza mutua con tu alumnado y crees un ambiente agradable, integrador y conciliador en el aula a través de las siguientes estrategias:

–     Mostrar un interés personal sincero por tus alumnos,

–     Proporcionarles un feedback positivo sobre sus progresos,

–     Estimular su participación y esfuerzo,

–     Confiar en sus capacidades y posibilidades,

–     Respetarlos al máximo como personas,

–     Fomentar su autorregulación en su aprendizaje,

–     Plantearles retos y desafíos alcanzables,

–     Ser flexibles en muchas de las normas que quieras implantar para que pueda existir una negociación con el alumnado.

–     Conocer sus preferencias, gustos y aficiones para introducirlos en las diferentes actividades de aprendizaje, etc.

Como ves, con estas estrategias lo que estamos haciendo es que el alumnado crea en nosotros, no solo como docentes, que es el rol que representamos, sino también como personas auténticas que somos merecedoras de su credibilidad y respeto. El verdadero liderazgo personal que nos permitirá influir en ellos de forma positiva se basará sobre todo en la reciprocidad.

Desde el punto de vista didáctico, te recomendamos que:

–     Te asegures que todo el alumnado conoce los objetivos de la acción formativa y lo que se espera de cada uno de ellos (expectativas),

–     Darles a conocer la utilidad de los contenidos,

–     Diseñar actividades que puedan ejecutar con éxito,

–     Proponerles tareas nuevas e interesantes,

–     Dejar cierta libertad para que puedan elegir entre diversas opciones a la hora de realizar actividades o escoger diferentes recursos.

–     Mostrar entusiasmo en tus exposiciones e identificarte con lo que estás explicando,

–     Centrar el aprendizaje en la resolución de problemas prácticos y que sean significativos para el alumno,

–     Formular preguntas que estimulen su descubrimiento y razonamiento,

–     Fijarnos en el proceso y no solo en el resultado final de una tarea, etc.

Puedes comprobar que existen multitud de estrategias para motivar a tu alumnado en la consecución de los objetivos formativos, algunas de ámbito más personal y relacional hasta otras de carácter más técnico relacionadas con la propia disciplina pedagógica. Pero todas ellas lo que pretenden conseguir es que el proceso de enseñanza-aprendizaje produzca una serie de experiencias gratificantes donde el alumno pueda desarrollar todo su potencial, crea verdaderamente en sus posibilidades, pueda lograr sus metas personales y se esfuerce y persevere en conseguir los objetivos propuestos.

Concluimos este post recordándote que las estrategias más recomendables para motivar a tu alumnado serán las que propicien en ellos conductas intrínsecamente motivadas, que favorecerán su autonomía, compromiso, esfuerzo, autocontrol e interés por la materia. Todas ellas sin duda lograrán un mejor rendimiento y un mayor nivel de competencia profesional.

Samuel Ibáñez.

@ibarodsa

Acerca de orientadorespalencia

Orientador laboral. Técnico de formación.